El concepto de inteligencia emocional cuestionó los clásicos conceptos de éxito, capacidad y talento, al reafirmar que la inteligencia general era una condición necesaria, pero no suficiente para conseguir el éxito en las esferas laboral, familiar, emocional y social de la vida. Además de ella, se precisaba de una buena inteligencia emocional.
Hoy, el concepto de inteligencia emocional hace referencia a un constructo que complementa el concepto tradicional de inteligencia, enfatizando las contribuciones emocionales, personales y sociales dentro de la conducta inteligente (López Franco y Caballero, 1999).
Goleman (1995) definió la inteligencia emocional como la capacidad para reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de automotivarnos, y de manejar de manera positiva nuestras emociones, sobre todo aquellas que tienen que ver con nuestras relaciones humanas. La inteligencia emocional es para él una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc., que configuran rasgos de carácter, como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, indispensables para una buena y creativa adaptación social.
La evidencia empírica demuestra los enormes beneficios (personales y sociales) de la inteligencia emocional; hasta el punto, que se ha llegado al convencimiento de que ésta constituye un importante predictor del éxito en la vida y del bienestar psicológico general. Su descuido, afirmaba Goleman (1995), puede arruinar muchas carreras y, en el caso de niños y adolescentes, conducir a la depresión, trastornos alimentarios, agresividad, delincuencia.
Por eso hay una conciencia social, cada vez más en aumento, de que es importante que logremos las competencias emocionales que esta comporta. Y para ello, qué mejor que tener una buena educación emocional, una educación para la vida (personal, social, familiar, profesional, etc.) que nos proporcione mayor bienestar subjetivo, salud física y mental, mayores dosis de felicidad, y con ello, mayor bienestar social y calidad de vida (Bisquerra, 2001).
La educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales, como elemento esencial del desarrollo integral de la persona, y con objeto de capacitarle para afrontar mejor los retos que se le plantean en la vida cotidiana (Bisquerra, 2003).La escuela, en respuesta a estas nuevas demandas sociales, debe asumir su parte de responsabilidad en este proceso dirigido al desarrollo integral del individuo, y propiciar dentro de su proyecto formativo, el valor añadido de la competencia emocional de los alumnos.
El Informe Delors (UNESCO 1996) reconoce que la educación emocional es un complemento indispensable en el desarrollo cognitivo y una herramienta fundamental de prevención, ya que muchos problemas tienen su origen en el ámbito emocional. La educación emocional tiene como objetivo ayudar a las personas a descubrir, conocer y regular sus emociones e incorporarlas como competencias.
Nuestro primer contacto con la realidad es afectivo. Durante el embarazo y tras los primeros meses de vida del recién nacido, el niño va adquiriendo impresiones diversas sobre cómo funciona el mundo; establece un diálogo con las personas que le rodean y, en esta interacción, tiene las primeras experiencias afectivas, que utilizará como patrón de comportamiento en lo sucesivo, y marcarán su evolución no sólo afectiva sino también intelectual. Se ha demostrado incluso que la mayor parte del desarrollo emocional se produce desde el nacimiento hasta la pubertad (Abarca, Marzo y Sala, 2002), siendo críticos los primeros seis años de vida. En base a todo esto, la educación emocional debiera comenzar desde el momento de la gestación, cuidarse especialmente durante esos seis primeros años de vida y en la etapa crítica de la adolescencia y, a partir de aquí, mantenerse y renovarse de manera permanente a lo largo de toda nuestra existencia.
La familia es la primera escuela para el aprendizaje emocional. Por tanto, la utilización inteligente de las emociones debería comenzar en ella, y continuarse después en la escuela. Los entornos familiar y escolar, y más tarde el social, proporcionarán al niño muchos de los referentes que le conformarán en el futuro y que utilizará como patrón de comportamiento en su desenvolvimiento diario. Se espera de padres, profesores y sociedad, en general, el compromiso mutuo y la complementariedad de sus funciones en ese proyecto común que es educarle emocionalmente.
El análisis de la sociedad actual permite entrever, por otro lado, que muchos de los problemas con que se encuentran las personas, y en particular los adolescentes y jóvenes, tienen mucho que ver con el “analfabetismo emocional”. Las personas incapaces de dominar su inteligencia emocional tienen relaciones familiares y profesionales conflictivas, y se debaten permanentemente en inútiles luchas internas que les impiden no sólo establecer relaciones saludables con los demás, sino también ellos mismos y con el entorno. Por esto, consideramos conveniente insistir en la importancia de la educación emocional (Bisquerra, 2001).
Durante mucho tiempo se ha creído que tener un alto coeficiente intelectual y una buena preparación académica era lo más importante para triunfar en la vida. Actualmente, con relación a un puesto de trabajo, se da por sentado esta capacidad intelectual y preparación técnica para desempeñarse en el empleo, y el perfil que se busca se centra más en ciertas cualidades personales, referentes todas a la inteligencia emocional, como la iniciativa y la empatía, la adaptabilidad y la persuasión, el control de las emociones y el manejo de situaciones conflictivas, la confianza en uno mismo, la motivación para trabajar para la consecución de un objetivo, el saber escuchar y comunicarse oralmente, la persistencia ante las dificultades, el espíritu de colaboración de equipo, la habilidad para negociar ante el desacuerdo, el potencial para el liderazgo, entre otras.
Investigaciones recientes han dado la razón a lo teorizado por Goleman (1995) en lo referente a que el cociente intelectual no determina quien va a triunfar o fracasar en la vida, y han llegado a la conclusión de que el éxito en el trabajo depende un 80% de la inteligencia emocional y un 20% del coeficiente intelectual. Existe algo en la naturaleza humana que nos hace diferentes en términos de desempeño laboral. Dos personas aparentemente iguales, habiendo estudiado lo mismo, iniciado su carrera laboral bajo las mismas condiciones, una prospera y otra no. Los teóricos de la inteligencia emocional atribuyen este resultado, no a un golpe de suerte afortunado, sino a sus diferencias en cuanto a capacidad emocional y no sólo intelectual. A medida que el puesto de trabajo es más exigente y tiene mayor responsabilidad, más se nota la necesidad de una inteligencia emocional elevada.
Necesitamos recursos para controlar las emociones en situaciones de tensión; competencias emocionales para afrontar los retos profesionales con mayores probabilidades de éxito, autocontrol y bienestar; para conseguir un desarrollo pleno de la personalidad; un mayor conocimiento de uno mismo; para prevenir y superar estados de ánimo negativos (Álvarez, 2001). Y esto sólo es posible con una educación emocional.
BIBLIOGRAFÍA
Abarca, M., Marzo, L. y Sala, J. (2002). La educación emocional en la práctica educativa de primaria. Bordón, 54, 4, 505-518.
Álvarez, M. (Coord.) (2001). Diseño y evaluación de programas de educación emocional. Barcelona: CISSPRAXIS Educación.
Bisquerra, R. (2001). Orientación psicopedagógica y educación emocional en la educación formal y no formal. @gora Digit@l. Revista Científica Electrónica, 2.Bisquerra, R. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida. Revista de Investigación Educativa, 1, 21, 7-43.
Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana, Ediciones UNESCO.
Goleman, D. (1995). Emotional intelligence: why it can matter more than IQ. Nueva York: Bantan Books (Edición española: Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós).
López Franco, E. y Caballero García, P.A. (1999). La inteligencia emocional y el posible estilo de ser padres: estudio en un grupo de alumnos de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. En AIDIPE (Comps). Nuevas realidades educativas. Nuevas necesidades metodológicas (pp. 525-528). Málaga: CEDMA.
Presentación A. Caballero García. Profesora de Magisterio y Psicopedagogía y directora de Título en el Instituto de Enseñanza y Aprendizaje de la Universidad Camilo José Cela de Madrid (05/11/2007).
ANÁLISIS:
Si consideramos, como plantea Goleman (1995), la inteligencia emocional como "la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los agenos". Pero aun más, somos capaces de transformar estos sentimientos en estímulos positivos, estaríamos desarrollando una gran herramienta, fundamental para el crecimiento, desarrollo y el alcance del tan anhelado éxito del individuo.
Teniendo clara la importancia de la estimulación en un niño y que esta debe comenzar en los primeros meses de gestación. Se plantea que el periodo fundamental para una correcta educación emocional es desde los 0 a 6 años de edad. De aquí la importancia del rol de los adultos formadores (padres, abuelos, tutores) en las primeras etapas del niño o niña.
Es importantísima la educación emocional durante estos primeros años. Lograr, como planteamos en un principio, guiar las sensaciones y por consiguiente emociones de un niño, en estímulos positivos, los que serán archivados y reutilizados cuando se enfrente a situaciones similares. Por ejemplo, si conseguimos que un niño deje de llorar por querer tomar un objeto que se encuentra fuera de su alcance y el adulto formador consigue establecer un lenguaje de físico o directamente verbal, con el niño en cuestión, para esta situación y similares, el niño poco a poco dejara llantos y pataletas de lado para dar paso a habilidades cognitivas superiores.
Una correcta educación emocional y en concecuencia el desarrollo de la inteligencia emocional nos convierte en personas más tolerantes y con mayor
capacidad de sobreponerse a las advercidades. Haciendo una similitud entre esto y la teoría de la evolución o selección natural que plantea que "Aquellos miembros de la población con características menos adaptadas (según lo determine su medio ambiente) morirán con mayor probabilidad. Entonces aquellos miembros con características mejor adaptadas sobrevivirán más probablemente". (Darwin, El Origen de las especies). Podemos decir que los seres humanos con una desarrollada inteligencia emocional, tiene mayores probabilidades de alcanzar el éxito en una sociedad, mundo laboral, etc. Que una persona que carece de esta.
La Secretaría de Orientación Vocacional de la Universidad de Harvard inquirió las razones de la pérdida de empleo por parte de cuatro mil trescientos hombres y mujeres de diversas empresas, y descubrió que, por cada dos casos en que esa medida se debía a defectos de la personalidad, sólo uno correspondía a ignorancia de cuestiones técnicas o ausencia de la debida pericia.
La mayor parte de las bajas se habían originado por la falta de espíritu de cooperación, por no inspirar confianza, carecer de iniciativa, etc.
El Instituto Carnegie de Tecnología, en otro estudio, y analizando el caso de diez mil personas, informaba que el 15 por ciento del éxito se debe a la experiencia técnica, y el 85 por ciento a las cualidades personales: conducta, integridad, observación, imaginación creadora, decisión, adaptabilidad, dirección, habilidad organizativa, expresión, conocimiento. Tales cualidades no sólo son deseables en una oficina, en un comercio o en una fábrica; siempre son necesarias para el buen éxito de hombres y mujeres en cualquier actividad o área de la vida.
| 1 | Totalmente en desacuerdo | No presento en ningún grado desarrolladas las característica planteadas en el enunciado. |
| 2 | En desacuerdo | Hay algunos elementos desarrollados (muy pocos) de los solicitados en el enunciado. |
| 3 | Ni de acuerdo ni en desacuerdo | Solo a veces presento los elementos que se piden en el enunciado. |
| 4 | De acuerdo | Ejecuto frecuentemente, en su análisis, lo solicitado en el enunciado. |
| 5 | Totalmente de acuerdo | Realizo todo lo planteado en el enunciado. |
|
| RUBRICAS/PUNTOS | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 |
| 1 | Presento un texto que trata los temas desde una perspectiva educativa y es de mucho interés. (esto por que todos mis compañeros y compañeras están invitados a leer mis textos y comentarios) |
|
|
|
| 5
|
| 2 | Presento un texto que tiene una extensión mínima de al menos el equivalente en Word a 3 hojas de oficio. (el máximo no está regulado) |
|
|
|
| 5
|
| 3 | La presentación la he realizado de tal manera que sea de fácil lectura (respecto al color, tamaño y diseño de la letra) y se puede distinguir con claridad, en la presentación, el texto de mi análisis. |
|
|
|
| 5
|
| 4 | Le he incorporado al texto algunos gráficos o dibujos o fotografías alusivas al tema tratado, pues considero que esto invita a una lectura más amena y denota más interés por parte del o la autora del blog (y he incorporado mi propia fotografía) |
|
|
| 4
|
|
| 5 | Inicio mi análisis planteando como yo entiendo lo desarrollado por el autor (parafraseo) |
|
|
|
| 5
|
| 6 | Durante el análisis planteo con claridad mis planteamientos, críticas, puntos concordantes o discordantes con el autor/a. |
|
|
|
| 5
|
| 7 | Durante el análisis utilizo frecuentemente el recurso “citas de otros autores” para reforzar lo que he planteado yo, o algún punto que considero importante tratado por el autor del texto. |
|
|
| 4
|
|
| 8 | Las citas que utilizo son de diversas fuentes, tales como, otros autores buscados por mi, autores o ideas tratadas en clases, citas de presentaciones o disertaciones de mis compañeros, citas de artículos anteriores, etc. |
|
|
| 4
|
|
| 9 | Realizo en mi análisis aplicaciones o referencias a nuestra realidad educativa si es un texto extranjero, o a realidades educativas que yo he vivenciado para explicar con un sentido contextual el texto presentado. |
|
|
|
| 5
|
| 10 | En el último punto del análisis presento una síntesis de lo que he querido expresar, a modo de conclusión. |
|
|
|
| 5
|
| Suma parcial de puntos de cada columna: |
|
|
| 12
| 35
| |
| Mi suma total de puntos, según la suma parcial anterior, es de 47 puntos. | ||||||
| La nota de mi autoevaluación es:65.8 | ||||||
| La nota se obtiene multiplicando el puntaje total por 0.14 (Ej.: 50 ptos. Por 0.14 = 7.0) | ||||||
